Voto electrónico: nafta para apagar incendios
Federico Heinz
Titular de la Fundación Vía Libre
Ante las acusaciones cruzadas que invariablemente acompañan las elecciones reñidas, algunas personalidades públicas aprovechan la tribuna mediática para reclamar la implementación del llamado “voto electrónico”. Utilizando urnas computarizadas, argumentan, el resultado sería mucho más inmediato y no habría lugar a tantas vueltas.
Ojalá el problema fuera tan sencillo como para poder solucionarlo con una computadora. Lo que estas personas no saben es que el consenso entre los investigadores de seguridad informática es que no es posible construir una urna electrónica de tal modo que no pueda falsificar los resultados. Lejos de garantizar la transparencia y legitimidad de los comicios, las urnas electrónicas no hacen más que reducir el costo del fraude.
Las historias de terror alrededor del voto electrónico son legión. California, por ejemplo, acaba de revocar la certificación de todas las urnas electrónicas usadas en ese estado, luego de que un estudio realizado por varias universidades demostró que todas ellas tenían graves fallas de seguridad tanto lógica como física. En Holanda, un grupo de investigadores descubrió que las urnas electrónicas usadas en ese país permitían determinar por quién vota una persona desde varios cientos de metros de distancia, escuchando las emisiones radioeléctricas del aparato. Irlanda compró urnas electrónicas que finalmente nunca pudo usar, porque el fabricante se negaba terminantemente a entregar los programas para que los auditaran.
Imaginemos que estos comicios se hubieran hecho con urnas electrónicas. En el mejor de los casos, en el que todo hubiera salido bien y nadie hubiera hecho trampas, estaríamos en la misma situación que ahora: una elección reñida, en la que ambos campos en disputa acusarían al otro de embarrar la cancha. En realidad, estaríamos en una situación peor, porque al medio del debate estarían las opacas urnas electrónicas.
El mecanismo actual de votación y escrutinio tiene una enorme virtud, a menudo menospreciada: es sencillo. Cualquier persona que sepa leer, escribir y sumar puede participar de su auditoría. Por contraste, las urnas electrónicas son endemoniadamente difíciles de auditar, aún para especialistas.
No tenemos más que mirar a nuestros vecino santafesinos para observar que no son necesarias urnas electrónicas para tener elecciones pacíficas. Allí se votó, igual que en Córdoba, con boletas de papel.
Fuente: www.lavoz.com.ar
